Espacio funerario: la iglesia y las tumbas
Uno de los ámbitos más relevantes documentados durante la intervención arqueológica es el asociado a la iglesia y su entorno inmediato, donde se han identificado evidencias claras de uso funerario. Este espacio destaca no solo por la presencia de estructuras arquitectónicas bien definidas, sino también por la complejidad de las fases de uso, abandono y transformación que se han podido documentar a través de la excavación en área.
La iglesia se localiza al sur del segundo recinto o recinto inferior. Inicialmente presentaba un estado de conservación condicionado por importantes procesos de derrumbe, tanto en su interior como en el exterior. Antes del inicio de la excavación, gran parte de sus estructuras permanecían ocultas bajo acumulaciones de material procedente del colapso de los muros, lo que dificultaba su lectura. La retirada de estos niveles permitió documentar con mayor precisión la configuración del edificio.
Durante la excavación se han identificado distintos niveles de uso de la iglesia. Algunos corresponden a procesos naturales tras su abandono, mientras que otros son de origen antrópico y reflejan su reutilización en épocas más recientes. Por ejemplo, se niveló el terreno interior usando materiales procedentes del colapso de los edificios cercanos, sobre todo tejas, tras el abandono original del edificio. Posteriormente, se intuye que fue un espacio destinado a salvaguardar ganado, hecho que se confirma con un cerramiento posterior del acceso oeste, y la construcción de una estructura circular ubicada en el centro del templo con mampuestos de pizarra procedentes de los derrumbes originales. Todos estos elementos muestran cómo el edificio se transformó tras dejar de estar en uso.
Tanto en el interior como en las inmediaciones de la iglesia se han documentado numerosas tumbas, todas ellas excavadas directamente en el sustrato geológico. Estas estructuras presentan morfologías antropomorfas bien definidas.
La distribución de estas tumbas en torno a la iglesia sugiere la existencia de un espacio funerario organizado, vinculado directamente al edificio religioso. Este tipo de configuración es habitual en contextos medievales, donde las áreas de enterramiento se sitúan en relación con espacios de culto, reforzando su significado simbólico y social.
El estudio de este espacio en conjunto permite entender la iglesia no sólo como un edificio aislado, sino como un punto central dentro de la organización del yacimiento, en torno al cual se articulan prácticas constructivas, funerarias y de uso del territorio. La información obtenida a través de la excavación resulta clave para reconstruir el papel de este enclave dentro del conjunto y para comprender las dinámicas históricas que han marcado su evolución.